Formación Biblica

martes, 26 de mayo de 2009

LECTURA POPULAR DE LA BIBLIA


La Lectura Orante de la Biblia es un método de lectura de la Sagrada Escritura, puesto en práctica en las comunidades eclesiales de Latinoamérica, que pretende recuperar el realismo histórico y el dinamismo espiritual de la Biblia. Para ello parte de la experiencia creyente que percibe la presencia de Dios en el Mundo de los pobres, en medio del cual la Palabra de Dios adquiere una función critica y reveladora.

¿Por qué lectura popular?

La opción por los pobres no es facultativa. Forma parte de la vida cristiana del mismo modo que formaba parte de la misión de Jesús. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Noticia” (Lc 4, 18). Al darse cuenta de que los pobres estaban entendiendo el anuncio de la Buena Nueva de Salvación, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo y agradeció al Padre: “Yo te bendigo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligente y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Lc 10, 21).
El Espíritu es dado a todos y nos ayuda a entender la Biblia (Jn 14, 25s; 16, 21s). Llena toda la tierra (Sab 8, 1) y está en todos los seres vivos (Sal 104, 27-39). Pero es dado sobre todo a los pobres, para que puedan entender los misterios del Reino (Lc 10, 21). Por eso, los pobres son capaces de reconocer lo que no es conforme al Espíritu de Jesús. El propio Jesús lo dijo: “Yo conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí” (Jn 10, 14).
Por otra parte nuestro cristianismo es de tradición. Es decir, se vive mucho más “religión” que fe cristiana, más práctica religiosa que compromiso con los propósitos de Dios. La escandalosa injusticia social e indiferencia con que se trata a los marginados y excluidos (Am 6, 6) son una clara señal de que, lo que en general se llama cristianismo, es mucho más un sustrato religioso que una actitud de fe cristiana.
Cuando hablamos de “Lectura Popular de la Biblia” o “Lectura Orante de la Biblia” o “Lectura de la Biblia a partir de los Pobres”, no queremos crear nuevos métodos de lectura en el sentido de nuevos instrumentos exegéticos. Lo que enfatizamos es un nuevo enfoque y un nuevo modo de leer. Se trata de una lectura comunitaria como nuevo camino pedagógico para aproximarnos al texto1. Lo que se pretende no es, ante todo, aprender la Biblia como conjunto doctrinario o de ideas religiosas, sino aprender de la Biblia la manera de ser y de actuar de Dios, la lectura bíblica como instrumento privilegiado de la experiencia transformadora de la Palabra.

¿Qué es Lectura Popular de la Biblia?


La Lectura Popular de la Biblia es una práctica de Lectura realizada generalmente en las comunidades cristianas que se encuentran en los medios populares de nuestra América Latina, que quiere rescatar el sentido histórico y espiritual original de la Biblia, a partir de la experiencia de la presencia y revelación de Dios en el mundo de los pobres, y en función del discernimiento y comunicación de la Palabra de Dios.
A este tipo de lectura se le llama también “Lectura Orante de la Biblia” (LOB). Aunque existan diferencias propias en cada país o región, esta lectura tiene algunas características comunes. Veamos:
  • Cada uno de nosotros –a la vez, los pobres y marginados de nuestra sociedad- llevamos, al introducirnos en la Biblia, los problemas y gozos de la vida. Por tanto, leemos la Biblia a partir de nuestra realidad.
  • La Lectura se hace en comunidad. Es, por encima de todo, una actividad comunitaria, una practica orante, un acto de fe.
  • La Lectura respeta el texto, colocándose a la escucha de lo que Dios dice, dispuestos a cambiar si es necesario.
Estos tres criterios (realidad, comunidad, texto) al hacer la lectura, se articulan entre sí con un mismo objetivo: escuchar a Dios hoy.

Origen de la Lectura Orante

En su origen, la lectura orante era la lectura que los cristianos hacían de la Biblia para alimentar su fe, esperanza y amor. La lectura orante es tan antigua como la propia Iglesia. El Nuevo Testamento, por ejemplo, es el resultado de la lectura que los primeros cristianos hacían del Antiguo Testamento a la luz de sus problemas y a la luz de la nueva revelación que Dios hizo de sí a través de la resurrección de Jesús, vivo en medio de la comunidad.
A lo largo de los siglos, esta lectura orante alimentó a la Iglesia. Inicialmente, no era una lectura organizada y metódica, sino que era la propia tradición que se transmitía de generación en generación, a través de la práctica de los cristianos. La sistematización de la lectura orante en cuatro pasos –lectura, meditación, oración y contemplación- empezó sólo en el siglo XII. Alrededor del año 1150, Guigo, un monje cartujo, explicaba los cuatro pasos así:
“La lectura es el estudio asiduo de las Escrituras, hecho con Espíritu atento. La meditación es una diligente actividad de la mente que, con la ayuda de la propia razón, busca el conocimiento de la verdad oculta. La oración es el impulso fervoroso del corazón para Dios, pidiendo que aleje los males y conceda las cosas buenas. La contemplación es una elevación de la mente sobre sí misma que saborea las alegrías de la dulzura eterna.”
En el s XIII los Mendicantes intentaron crear un nuevo tipo de vida religiosa, más inserta en el medio de los pobres.
Ellos hicieron de la lectura orante la fuente inspiradora de su movimiento renovador.
Después hubo un extenso período en que la lectura orante se enfrió. La Lectura de la Biblia no era fomentada ni siquiera en la vida religiosa. Sin embargo, el Concilio Vaticano II recupera la tradición antigua (DV 25). La lectura orante reapareció entonces sin título y sin nombre, en medio de las comunidades, donde los pobres recuperaron la lectura de la Palabra de Dios.

Consideraciones generales sobre la lectura orante

La lectura orante supone algunos principios, siempre presentes en la lectura cristiana de la Biblia. A saber:
La “unidad” de la Escritura. La Biblia es una gran unidad, donde cada libro, cada frase, tiene su lugar y su función para revelarnos el proyecto amoroso de Dios. Este principio de unidad de la Biblia prohibe aislar los textos, arrancarlos de su contexto y repetirlos como verdades absolutas y aisladas.
La “actualidad” o encarnación de la Palabra. Los cristianos, cuando leemos la Biblia, no podemos olvidar la vida. Teniendo la vida presente, descubrimos en la Biblia el reflejo de lo que estamos viviendo. La Biblia se transforma así en espejo de lo que pasa en la vida y en el corazón de todos. Descubrimos que la Palabra de Dios se encarna, no sólo en las épocas del pasado, sino también hoy.
La “fe en Jesucristo” vivo en la comunidad. Leemos la Biblia a partir de nuestra fe en Jesucristo, vivo en medio nuestro. La fe en Jesús ayuda a entender mejor la Biblia, y la Biblia ayuda a entender mejor el significado de Jesús para la vida.

Actitudes fundamentales

En primer lugar, la lectura de los acontecimientos sociales. La realidad social, desde el ámbito de las relaciones interpersonales hasta el más amplio de las relaciones entre las clases sociales y los países, es conflictiva. Esta conciencia aparece claramente en toda la Biblia, tanto en el Primer como en el Segundo Testamento.
Así, pues, la lectura orante es histórica. Lo que realmente caracteriza a la Biblia es ser narración de una experiencia viva, el testimonio de un Pueblo que supo percibir la presencia de Dios en su historia (cf. Ex 3, 7-12). Por eso, en la Biblia prevalece el género literario narrativo.
La Palabra de Dios tiene que ser acogida en su contexto de vida, no como letra, sino como testimonio de vida. La revelación tiene lugar en la historia y a través de la historia. Por tanto, la lectura orante es histórica en dos sentidos: presta atención a la historia de los protagonistas de los textos, incluso en todo su conflicto contextual, y a la historia de quien los lee hoy. Para esto son muy interesantes los instrumentos del análisis antropológico y sociológico.
La lectura orante, aunque es popular, no es anticientífica. La lectura ha de ser científica. Y científico no quiere decir complicado, no quiere decir que sea un tipo de lectura reservada sólo a los grupos privilegiados o intelectuales. Los métodos científicos de interpretación se deben poner al servicio de las comunidades, para que la lectura no se desvíe por caminos del subjetivismo o de la ideología.
Se exige también que la lectura sea crítica. Al aproximarnos a la Biblia, tenemos que tener lucidez ante nuestras posturas subjetivas. Nadie está libre de las influencias de su grupo social, de sus intereses, de su ideología. Pero es preciso estar atentos, someter a la critica los propios presupuestos ideológicos, mantenerse con actitud de sospecha con relación a sí mismo. Por tanto, tenemos que ser conscientes de la relatividad y de los límites de la propia lectura, por más científica que sea ésta.
La única manera de superar el subjetivismo es a través de la lectura comunitaria, pues, por medio de la elaboración colectiva se completa la limitada percepción individual. La lectura comunitaria es lectura eclesial. El proceso eclesial de lectura es, necesariamente, proceso de diálogo, de enfrentamiento e incluso de conflicto entre las diversas comunidades o iglesias.
La iglesia, además de ser una red de comunidades extendidas por el amplio espacio del mundo presente, es gran peregrinación en el tiempo de grupos que se suceden y que transmiten la fe común. Por eso, la lectura eclesial comunitaria es, por sí misma, tradicional, es decir, tiene que llevar consigo la herencia de la Iglesia, acogida, asimilada y reinterpretada a lo largo de la historia. Pues Tradición es la vida de las comunidades atravesando las barreras del tiempo y llegando hasta nosotros para mantenerse viva (cf. Hb 11).

Los cuatro pasos de la lectura orante

Los cuatro pasos de la lectura orante de la Biblia, tanto individual como comunitaria, son también cuatro actitudes permanentes que debemos tener ante la Palabra de Dios.
Los cuatro pasos son, determinación del tema (análisis de la realidad), lectura del texto (lectura), contexto del texto (estudio y teología del texto) y oración o meditación (sentido espiritual de la Biblia).
No siempre es fácil distinguir uno de otro. Por ejemplo, lo que unos autores afirman de la lectura, otros lo atribuyen a la meditación, etc. La causa de esta falta de claridad está en la propia naturaleza de la lectura orante.
Se trata de un proceso dinámico de lectura, en la cual las diferentes etapas nacen una de la otra. Es como el paso de la noche al día. A la hora del amanecer, algunos dicen que aun es de noche, mientras otros dicen que aun es de día. Además, se trata de cuatro actitudes permanentes. La actitud de lectura, continúa también durante la meditación. Las cuatro actitudes existen y actúan juntas durante todo el proceso de la lectura orante, aunque en intensidad diferente.

Análisis de la realidad

Es el primer paso para reconocer y amar la Palabra de Dios. No se ama lo que no se conoce. Por tanto, este primer paso es muy importante y exigente. No se puede hacer de manera superficial.
Este primer paso es el punto de partida, no el punto de llegada. Prepara al lector para el diálogo de la oración o meditación (sentido espiritual de la Biblia). Para que la meditación no sea fruto de una fantasía irreal, sino que esté fundamentada en el texto y en la realidad, es necesario que el análisis de la realidad se haga con criterio y atención. No se trata de transformar la realidad, sino de captarla tal como es, en toda su densidad.
De esta manera, se prepara esta fase inicial basándose en preguntas claras, inteligentes y abiertas, qué tengan tres aspectos fundamentales: (a) los hechos en sí (¿por qué pasa eso?); (b) lo que está pasando (¿Cómo hemos reaccionado frente a este hecho?), y; (c) lo que constatamos (¿Cómo hemos actuado frente a eso?). Por ejemplo, frente al pasaje de Marcos 10, 35-45 ¿Cómo funcionan en nuestros grupos pastorales o en nuestra sociedad los valores del servicio y la disponibilidad? ¿En nuestro actuar cristiano servimos o nos hacemos servir? ¿Queremos ser los primeros o los últimos?.
El análisis de la realidad, entendido como estudio previo2, ayuda a comprender los siguientes pasos: texto y contexto.
Lectura del texto bíblico
La lectura es una actividad elemental. No puede ser interesada, sino gratuita, con una única finalidad: el Reino de Dios y el bien de las personas. Por tanto, el texto bíblico debe tener su espacio privilegiado dentro del encuentro, con cantos de alabanza, pues, es el Dios de la Vida quien dirigirá su Palabra.

Estudio y teología del texto

Una vez realizada la lectura, nos abocamos al estudio del pasaje bíblico, bajo tres niveles básicos:
Nivel literario: nos aproximamos al texto analizándolo a través de preguntas sencillas: ¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con qué medios? ¿Cómo se sitúa el texto dentro del contexto literario del libro del cual forma parte?
Nivel histórico: a través del estudio del texto, llegamos al contexto histórico en el que surgió, o en el que tuvo lugar el hecho narrado por el texto, y, desde allí, posibilita el análisis de dicha situación histórica en dimensiones como: económica, social, política, ideológica, afectiva, antropológica y otras. Se trata de descubrir los conflictos que están en el origen del texto para percibir mejor la encarnación de la Palabra de Dios en la realidad conflictiva de la historia humana.
Nivel teológico: aquí descubrimos lo que Dios dijo en aquella situación histórica; lo que significaba Dios para aquel Pueblo; cómo se revelaba; cómo era asumida y celebrada la Palabra de Dios.
Recordemos que el estudio científico del texto no es el fin de la lectura. Es sólo un medio para llegar al fin. Cuando la lectura está correctamente realizada, ayuda a superar el fundamentalismo. Cuando está mal hecha, sólo consigue aumentarlo. El fundamentalismo es una tentación que se instaló en la mente de muchas personas, anulando la acción de la Palabra de Dios en la vida. Es la ausencia total de conciencia crítica. Desvía el sentido de la vida y alimenta el moralismo, el individualismo y el espiritualismo en la interpretación bíblica. Sólo es posible superar el fundamentalismo si -a través de la lectura-, el lector consigue ver el texto dentro de su contexto de origen y, al mismo tiempo, percibe en él el reflejo de la situación humana, tan conflictiva, confusa y controvertida, que hoy vivimos.

Meditación

De entrada, señalemos que el proceso anterior responde a la pregunta: ¿Qué dice el texto?, mientras la meditación responde a la pregunta: ¿Qué dice el texto para mí, para nosotros?. La meditación indica el esfuerzo que se hace para actualizar el texto y traerlo dentro del horizonte de nuestra vida y de nuestra realidad, tanto personal como social.
A través de la lectura descubrimos cómo se situaba el texto en el contexto de aquella época. De entonces a hoy la situación ha cambiado; el contexto, ahora, es otro. Los conflictos son diferentes, sin embargo, la fe nos dice que ese texto, aun siendo de otra época y de otro contexto, tiene algo que decirnos hoy. En él debe haber un valor permanente.
Se entra en diálogo con el texto, con Dios, haciendo preguntas que obligan a usar la razón. Se medita reflexionando, interrogando: ¿cuáles son las semejanzas y las diferencias entre la situación del texto y la nuestra hoy?, ¿Cuáles son los conflictos de ayer que existen hoy?, ¿Cuáles son diferentes?, ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra situación?.
La meditación es una actividad personal y también comunitaria. La puerta común de lo que uno siente y descubre es mucho más que la suma de las palabras de cada uno. La búsqueda en común hace aparecer el sentido eclesial de la Biblia y fortalecer en todos el sentido común de la fe. Por eso

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